El mal del olvido

AlzheimerLa OMS ha instituido que el 21 de septiembre se celebre el Día mundial contra el Alzheimer. Día en que, instituciones sociosanitarias y asociaciones reclaman a las autoridades que consideren a la enfermedad como una de las prioridades de toda su política sanitaria. Entre los objetivos de atención prioritaria se aboga tanto por ampliar la investigación para combatir la enfermedad como el apoyo a la familia de los que la padecen. Todos los medios y esfuerzos son pocos para un mal que, solo en Canarias, lo sufren unas 265.000 personas mayores de 65 años, de los que un 10% son de Alzheimer, siendo esta enfermedad la de mayor prevalencia con un total de un 75% de los casos detectados. Según la propia OMS, más de 35.000 de personas, en el mundo, sufren algún tipo de demencia y de esta se estima que el 70% padece Alzheimer. Se calcula que esta cifra casi se duplique en los próximos 20 años, hasta los 65,7 millones en 2030, y 115,4 millones en 2050. Además se espera que en 2010, el 57,7% de toda la población con demencia vivirá en países de renta baja y media, alcanzando el 63,4% en 2030 y el 70,5% en 2050.

 La Federación Mundial para la Salud Mental habla sobre las demencias como la causa principal de dependencia y discapacidad en los mayores y ancianos de forma que afecta gravemente a su calidad de vida y a la de sus familiares. Se estima que entre el 2 y el 10% de todos los tipos de demencia comienza antes de los 65 años y su prevalencia se duplica cada 5 años a partir de esa edad. Esto es lo que nos dicen las frías estadísticas. La realidad diaria es harto más dramática. El Diccionario de la Real Academia ofrece dos definiciones de memoria: facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado y saludo o recado cortés o afectuoso a un ausente, por escrito o por medio de tercera persona. Mi abuela, desconocedora de las reglas del Diccionario, siempre me decía al despedirse: “Y dele usted memorias a la gente”. Acertaba al asociar memoria con recuerdo. A los afectados por el mal, además de faltarle los engranajes neuronales relacionados con el intelecto se les ha olvidado, en menor o mayor grado dependiendo del tiempo o lo insidioso de la enfermedad, la memoria de los sentimientos y emociones. La memoria es una de las facultades por las que el ser humano se diferencia de los animales. En dos acepciones: el hombre es el único animal que “quiere recordar” (lo volitivo) y su dimensión social. Desde la infancia, momento en que el niño recuerda la cara que le cuida y le presta atención. Responde con una sonrisa cuando vuelve a ver una cara reconocible de su entorno. Recuerdo relacionado con apego. Luego, el desarrollo social crea un nuevo tipo de memoria hasta el punto que hay quien define a la sociedad en su conjunto como una “comunidad de recuerdos”. Justo de lo que carecen los que sufren este insidioso mal de olvido. Triste, cuando no dramática, situación cuando son incapaces de reconocer una voz o una caricia amiga. Ni siquiera son capaces de reconocerse a sí mismos. Una de las peores cosas que le puede ocurrir a una persona es mirarse en el espejo y no reconocerse. Ni siquiera los que padecen esquizofrenia o los niños autistas que miran al mundo desde su “fortaleza vacía” llegan a tal grado de despersonalización. En estos casos los individuos tienen conciencia de su yo aunque sea dividido. Para el que sufre del Alzheimer el otro no existe, y si existe, se trata de chispazos que aparecen en un totum revolutum de recuerdos alborotados, sin orden ni intenciones. La capacidad de sentir un mínimo de empatía es inversamente proporcional al sufrimiento de los familiares de no poder, al menos ser reconocidos, por alguien hasta no hace mucho tiempo, tan vinculado a sus vidas. Solo les alivia la certeza de que no sufren y la recompensa de que, en algún momento, se deslizó el esbozo de una leve sonrisa o una lágrima en su cara vacía de gozos y pesares, posible expresión de un soplo de afecto a quien le mira y le quiere, antes de volver a sumirse en su mundo huero de esperanza e infinita soledad.

Paco Javier Pérez Montes De Oca

La Provincia DLP

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